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		<title>El 25 de Julio</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Jul 2009 12:59:07 +0000</pubDate>
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		<title>El 15 de Julio Lectura Bíblica Diaria</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Jul 2009 09:44:26 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://lectorbiblico.files.wordpress.com/2009/07/micronesia.jpg?w=270&#038;h=202" alt="Micronesia" title="Micronesia" width="270" height="202" class="alignnone size-full wp-image-433" /><br />
El 15 de Julio Lectura Bíblica Diaria:</p>
<p>2 Samuel 8 a 10:<br />
Pasado algún tiempo, David derrotó a los filisteos y los subyugó, quitándoles el control de Méteg Amá. También derrotó a los moabitas, a quienes obligó a tenderse en el suelo y midió con un cordel; a los que cabían a lo largo de dos medidas los condenó a muerte, pero dejó con vida a los que quedaban dentro de la medida siguiente. Fue así como los moabitas pasaron a ser vasallos tributarios de David. Además, David derrotó a Hadad Ezer, hijo del rey Rejob de Sobá, cuando Hadad Ezer trató de restablecer su dominio sobre la región del río Éufrates. David le capturó mil carros, siete mil jinetes y veinte mil soldados de infantería; también desjarretó los caballos de tiro, aunque dejó los caballos suficientes para cien carros. Luego, cuando los sirios de Damasco acudieron en auxilio de Hadad Ezer, rey de Sobá, David aniquiló a veintidós mil de ellos. También puso guarniciones en Damasco, de modo que los sirios pasaron a ser vasallos tributarios de David. En todas las campañas de David, el Señor le daba la victoria. En cuanto a los escudos de oro que llevaban los oficiales de Hadad Ezer, David se apropió de ellos y los trasladó a Jerusalén. Así mismo se apoderó de una gran cantidad de bronce que había en Tébaj y Berotay, poblaciones de Hadad Ezer. Tou, rey de Jamat, se enteró de que David había derrotado por completo al ejército de Hadad Ezer. Como Tou también era enemigo de Hadad Ezer, envió a su hijo Jorán a desearle bienestar al rey David, y a felicitarlo por haber derrotado a Hadad Ezer en batalla. Jorán llevó consigo objetos de plata, de oro y de bronce, los cuales el rey David consagró al Señor, tal como lo había hecho con la plata y el oro de las otras naciones que él había subyugado: Edom, Moab, los amonitas, los filisteos y los amalecitas. También consagró el botín que le había quitado a Hadad Ezer, hijo del rey Rejob de Sobá. La fama de David creció aún más cuando regresó victorioso del valle de la Sal, donde aniquiló a dieciocho mil edomitas. También puso guarniciones en Edom; las estableció por todo el país, de modo que los edomitas pasaron a ser vasallos tributarios de David. En todas sus campañas, el Señor le daba la victoria. David reinó sobre todo Israel, gobernando al pueblo entero con justicia y rectitud. Joab hijo de Sarvia era general del ejército; Josafat hijo de Ajilud era el secretario; Sadoc hijo de Ajitob y Ajimélec hijo de Abiatar eran sacerdotes; Seraías era el cronista; Benaías hijo de Joyadá estaba al mando de los soldados quereteos y peleteos, y los hijos de David eran ministros. El rey David averiguó si había alguien de la familia de Saúl a quien pudiera beneficiar en memoria de Jonatán, y como la familia de Saúl había tenido un administrador que se llamaba Siba, mandaron a llamarlo. Cuando Siba se presentó ante David, éste le preguntó: ¿Tú eres Siba? A las órdenes de Su Majestad respondió. ¿No queda nadie de la familia de Saúl a quien yo pueda beneficiar en el nombre de Dios? volvió a preguntar el rey. Sí, Su Majestad. Todavía le queda a Jonatán un hijo que está tullido de ambos pies le respondió Siba. ¿Y dónde está? En Lo Debar; vive en casa de Maquir hijo de Amiel. Entonces el rey David mandó a buscarlo a casa de Maquir hijo de Amiel, en Lo Debar. Cuando Mefiboset, que era hijo de Jonatán y nieto de Saúl, estuvo en presencia de David, se inclinó ante él rostro en tierra. ¿Tú eres Mefiboset? le preguntó David. A las órdenes de Su Majestad respondió. No temas, pues en memoria de tu padre Jonatán he decidido beneficiarte. Voy a devolverte todas las tierras que pertenecían a tu abuelo Saúl, y de ahora en adelante te sentarás a mi mesa. Mefiboset se inclinó y dijo: ¿Y quién es este siervo suyo, para que Su Majestad se fije en él? ¡Si no valgo más que un perro muerto! Pero David llamó a Siba, el administrador de Saúl, y le dijo: Todo lo que pertenecía a tu amo Saúl y a su familia se lo entrego a su nieto Mefiboset. Te ordeno que cultives para él la tierra y guardes la cosecha para el sustento de su casa. Que te ayuden tus quince hijos y tus veinte criados. En cuanto al nieto de tu amo, siempre comerá en mi mesa. Yo estoy para servir a Su Majestad. Haré todo lo que Su Majestad me mande respondió Siba. A partir de ese día Mefiboset se sentó a la mesa de David como uno más de los hijos del rey. Toda la familia de Siba estaba al servicio de Mefiboset, quien tenía un hijo pequeño llamado Micaías. Tullido de ambos pies, Mefiboset vivía en Jerusalén, pues siempre se sentaba a la mesa del rey. Pasado algún tiempo, murió el rey de los amonitas, y su hijo Janún lo sucedió en el trono. Entonces David pensó: &#8220;Debo ser leal con Janún hijo de Najás, tal como su padre lo fue conmigo.&#8221; Así que envió a unos mensajeros para darle el pésame por la muerte de su padre. Cuando los mensajeros de David llegaron al país de los amonitas, los jefes de ese pueblo aconsejaron a Janún, su rey: &#8220;¿Y acaso cree Su Majestad que David ha enviado a estos mensajeros sólo para darle el pésame, y porque quiere honrar a su padre? ¿No será más bien que los ha enviado a espiar la ciudad para luego destruirla?&#8221; Entonces Janún mandó que apresaran a los mensajeros de David y que les afeitaran media barba y les rasgaran la ropa por la mitad, a la altura de las nalgas. Y así los despidió. Los hombres del rey David se sentían muy avergonzados. Cuando David se enteró de lo que les había pasado, mandó que los recibieran y les dieran este mensaje de su parte: &#8220;Quédense en Jericó, y no regresen hasta que les crezca la barba.&#8221; Al darse cuenta los amonitas de que habían ofendido a David, hicieron trámites para contratar mercenarios: de entre los sirios de Bet Rejob y de Sobá, veinte mil soldados de infantería; del rey de Macá, mil hombres; y de Tob, doce mil hombres. Cuando David lo supo, despachó a Joab con todos los soldados del ejército. Los amonitas avanzaron hasta la entrada de su ciudad y se alistaron para la batalla, mientras que los sirios de Sobá y Rejob se quedaron aparte, en campo abierto, junto con los hombres de Tob y de Macá. Joab se vio amenazado por el frente y por la retaguardia, así que escogió a las mejores tropas israelitas para pelear contra los sirios, y el resto de las tropas las puso al mando de su hermano Abisay, para que enfrentaran a los amonitas. A Abisay le ordenó: &#8220;Si los sirios pueden más que yo, tú vendrás a rescatarme; y si los amonitas pueden más que tú, yo iré a tu rescate. ¡Ánimo! ¡Luchemos con valor por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios! Y que el Señor haga lo que bien le parezca.&#8221; En seguida Joab y sus tropas avanzaron para atacar a los sirios, y éstos huyeron de él. Al ver que los sirios se daban a la fuga, también los amonitas huyeron de Abisay y se refugiaron en la ciudad. Entonces Joab suspendió el ataque contra los amonitas y regresó a Jerusalén. Los sirios, al verse derrotados por Israel, volvieron a reunirse. Además, Hadad Ezer mandó movilizar a los sirios que estaban al otro lado del río Éufrates, los cuales fueron a Jelán bajo el mando de Sobac, general del ejército de Hadad Ezer. Cuando David se enteró de esto, reunió a todo Israel, cruzó el Jordán y marchó hacia Jelán. Los sirios se enfrentaron con David y lo atacaron, pero tuvieron que huir ante los israelitas. David mató a setecientos soldados sirios de caballería y cuarenta mil de infantería. También hirió a Sobac, general del ejército sirio, quien murió allí mismo. Al ver que los sirios habían sido derrotados por los israelitas, todos los reyes vasallos de Hadad Ezer hicieron la paz con los israelitas y se sometieron a ellos. Y nunca más se atrevieron los sirios a ir en auxilio de los amonitas.</p>
<p>Salmo 63:<br />
Oh Dios, tú eres mi Dios; yo te busco intensamente. Mi alma tiene sed de ti; todo mi ser te anhela, cual tierra seca, extenuada y sedienta. Te he visto en el santuario y he contemplado tu poder y tu gloria. Tu amor es mejor que la vida; por eso mis labios te alabarán. Te bendeciré mientras viva, y alzando mis manos te invocaré. Mi alma quedará satisfecha como de un suculento banquete, y con labios jubilosos te alabará mi boca. En mi lecho me acuerdo de ti; pienso en ti toda la noche. A la sombra de tus alas cantaré, porque tú eres mi ayuda. Mi alma se aferra a ti; tu mano derecha me sostiene. Los que buscan mi muerte serán destruidos; bajarán a las profundidades de la tierra. Serán entregados a la espada y acabarán devorados por los chacales. El rey se regocijará en Dios; todos los que invocan a Dios lo alabarán, pero los mentirosos serán silenciados.</p>
<p>Proverbios 26:<br />
Ni la nieve es para el verano, ni la lluvia para la cosecha, ni los honores para el necio. Como el gorrión sin rumbo o la golondrina sin nido, la maldición sin motivo jamás llega a su destino. El látigo es para los caballos, el freno para los asnos, y el garrote para la espalda del necio. No respondas al necio según su necedad, o tú mismo pasarás por necio. Respóndele al necio como se merece, para que no se tenga por sabio. Enviar un mensaje por medio de un necio es como cortarse los pies o sufrir violencia. Inútil es el proverbio en la boca del necio como inútiles son las piernas de un tullido. Rendirle honores al necio es tan absurdo como atar una piedra a la honda. El proverbio en la boca del necio es como espina en la mano del borracho. Como arquero que hiere a todo el que pasa es quien contrata al necio en su casa. Como vuelve el perro a su vómito, así el necio insiste en su necedad. ¿Te has fijado en quien se cree muy sabio? Más se puede esperar de un necio que de gente así. Dice el perezoso: &#8220;Hay una fiera en el camino. ¡Por las calles un león anda suelto!&#8221; Sobre sus goznes gira la puerta; sobre la cama, el perezoso. El perezoso mete la mano en el plato, pero le pesa llevarse el bocado a la boca. El perezoso se cree más sabio que siete sabios que saben responder. Meterse en pleitos ajenos es como agarrar a un perro por las orejas. Como loco que dispara mortíferas flechas encendidas, es quien engaña a su amigo y explica: &#8220;¡Tan sólo estaba bromeando!&#8221; Sin leña se apaga el fuego; sin chismes se acaba el pleito. Con el carbón se hacen brasas, con la leña se prende fuego, y con un pendenciero se inician los pleitos. Los chismes son como ricos bocados: se deslizan hasta las entrañas. Como baño de plata sobre vasija de barro son los labios zalameros de un corazón malvado. El que odia se esconde tras sus palabras, pero en lo íntimo alberga perfidia. No le creas, aunque te hable con dulzura, porque su corazón rebosa de abominaciones. Tal vez disimule con engaños su odio, pero en la asamblea se descubrirá su maldad. Cava una fosa, y en ella caerás; echa a rodar piedras, y te aplastarán. La lengua mentirosa odia a sus víctimas; la boca lisonjera lleva a la ruina.</p>
<p>El Libro de 3 Juan Capítulo 1 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:</p>
<p>LA TERCERA EPÍSTOLA DE<br />
SAN JUAN</p>
<p>INTRODUCCIÓN<br />
(90 d.C.)</p>
<p>EL Anciano (Juan se refiere a sí mismo por este título) al muy amado Gayo (puede ser el mismo mencionado en Hch. 19:29; 20:4; Rom. 16:23; I Cor. 1:14), al cual yo amo en verdad. (Aunque la Carta anterior fue escrita a una mujer rica en que estaba diciéndole que debía cerrarle la puerta a los Predicadores del evangelio falso, de esta manera esta Carta fue escrita a un hombre rico para que le abriera la puerta a los Predicadores del Evangelio Verdadero.)<br />
2 Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas cosas (se refiere a la prosperidad económica y debiera ser el caso para todo Creyente), y que tengas salud (se refiere a la prosperidad física), así como tu alma está en prosperidad (se refiere a la prosperidad espiritual; por eso, tenemos el Evangelio completo para el hombre completo).<br />
3 Ciertamente me gocé mucho cuando vinieron los Hermanos y dieron testimonio de tu verdad (los obreros Cristianos siempre salían de Éfeso en misiones de predicación y enseñanza, y llevaban de regreso los informes de varias Iglesias a Juan), así como tú andas en la Verdad (se refiere a la manera del comportamiento de la persona).<br />
4 No tengo yo mayor gozo que éste, el oír que mis hijos andan en la Verdad. (Es posible que Gayo fuera un convertido de Juan.)<br />
LOS COLABORADORES<br />
5 Amado, fielmente haces todo lo que haces para con los Hermanos, y con los extranjeros (poco sabía este hombre lo que él estaba haciendo sería anunciado en la Palabra de Dios y conocido para siempre por todo el mundo);<br />
6 Los cuales han dado testimonio de tu caridad (amor) en presencia de la Iglesia: a los cuales si ayudares como conviene según Dios, harás bien (&#8220;si ayudares&#8221; como se usa aquí, se refiere a sufragar el mantenimiento y los gastos de los Predicadores visitantes):<br />
7 Porque ellos partieron por amor de Su Nombre (era por amor al Nombre de Jesús por el cual estos Predicadores salieron), no tomando nada de los Gentiles. (Se refiere al territorio virgen en cuanto al Evangelio, es decir, sitios diferentes donde establecerían Iglesias. En la implantación de estas Iglesias, no les pidieron dinero a los nuevos convertidos Gentiles.)<br />
8 Nosotros, pues, debemos recibir a los tales (ayudar a los Predicadores, con un espíritu de oración y económicamente), para que seamos cooperadores a la Verdad. (Por Juan, el Espíritu Santo aquí declara el hecho de que los Creyentes debieran dar de sus recursos económicos para ayudar a llevar la Verdad a los demás.)<br />
DIÓTREFES<br />
9 Yo he escrito a la Iglesia (se refiere a una Iglesia local, pero no nos dice su localidad): mas Diótrefes, que ama tener la superioridad entre ellos, no nos recibe. (Si observa, Juan llama por nombre este individuo y les advierte en contra de él, justo como él debiera haberlo hecho. Desde luego, alguien que no acepta la Verdad no recibiría a Juan.)<br />
10 Por esta causa, si yo viniere, recordaré las obras que hace hablando mal contra nosotros con palabras maliciosas (no hay prueba en absoluto que fue dicho en un espíritu rencoroso o vengativo; y debemos recordar que el Espíritu Santo estaba inspirando a Juan a escribir estas palabras; en otras palabras, este hombre tuvo que ser descubierto): y no contento con estas cosas, no recibe a los Hermanos, y prohíbe a los que los quieren recibir, y los echa de la Iglesia. (La idea es que Diótrefes echara fuera de la iglesia a aquéllos que se ponían de parte de Juan, o procurar hacerlo así. En consecuencia, hubiera sido incorrecto de Juan mantenerse callado, como también es incorrecto para los Predicadores de hoy día estar callados en cuanto a los falsos Apóstoles y la doctrina errónea.)<br />
TESTIMONIO<br />
11 Amado, no sigas lo que es malo, sino lo que es bueno. (En efecto, Juan se refiere a Diótrefes de &#8220;malo.&#8221; Al mismo tiempo, él declara vigorosamente que lo que él [Juan] predica es &#8220;bueno&#8221; y, por lo tanto, &#8220;de Dios.&#8221;) El que hace bien es de Dios: mas el que hace mal no ha visto a Dios. (El Espíritu Santo, por Juan, muy claramente hace una distinción entre los dos. No se puede tener los dos al mismo tiempo.)<br />
12 Todos dan testimonio de Demetrio (este hombre era probablemente el portador de esta Carta a Gayo; él era un extraño para los miembros de la Iglesia local de la cual Gayo era un miembro y necesitaba una carta de recomendación del Apóstol), y aun la misma Verdad: y también nosotros damos testimonio; y vosotros habéis conocido que nuestro testimonio es verdadero. (No existía mejor recomendación que ésta, sobre todo al considerar que el Espíritu Santo sancionó estas palabras.)<br />
BENDICIÓN FINAL<br />
13 Yo tenía muchas cosas que escribirte; empero no quiero escribirte por tinta y pluma (Juan termina esta Carta de la misma manera que él terminó su Segunda Epístola):<br />
14 Porque espero verte en breve, y hablaremos boca a boca. (Por lo visto, el Apóstol planeaba visitar esta Iglesia en particular dentro de poco.) Paz sea contigo. Los amigos te saludan. Saluda tú a los amigos por nombre. (Era una Iglesia pequeña, sin embargo, muy importante, justa como el Espíritu Santo aquí lo proclama.)</p>
<p>Primera Corintios Capítulo 13:<br />
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.</p>
<p>Hebreos 10:35-12:4<br />
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, &#8220;el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado.&#8221; Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: &#8220;Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac.&#8221; Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.</p>
<p>Romanos 8:<br />
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: &#8220;¡Abba! ¡Padre!&#8221; El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: &#8220;Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero.&#8221; Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.</p>
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		<title>El 14 de Julio Lectura Bíblica Diaria</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Jul 2009 18:35:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lectorbiblico</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El 14 de Julio Lectura Bíblica Diaria: 2 Samuel 5 a 7: Todas las tribus de Israel fueron a Hebrón para hablar con David. Le dijeron: &#8220;Su Majestad y nosotros somos de la misma sangre. Ya desde antes, cuando Saúl era nuestro rey, usted dirigía a Israel en sus campañas. El Señor le dijo a [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=lectorbiblico.wordpress.com&amp;blog=2986847&amp;post=430&amp;subd=lectorbiblico&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img title="Forest" src="http://lectorbiblico.files.wordpress.com/2009/07/forest.jpg?w=270&#038;h=202" alt="Forest" width="270" height="202" /></p>
<p>El 14 de Julio Lectura Bíblica Diaria:</p>
<p>2 Samuel 5 a 7:<br />
Todas las tribus de Israel fueron a Hebrón para hablar con David. Le dijeron: &#8220;Su Majestad y nosotros somos de la misma sangre. Ya desde antes, cuando Saúl era nuestro rey, usted dirigía a Israel en sus campañas. El Señor le dijo a Su Majestad: Tú guiarás a mi pueblo Israel y lo gobernarás. &#8221; Así pues, todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón para hablar con el rey David, y allí el rey hizo un pacto con ellos en presencia del Señor. Después de eso, ungieron a David para que fuera rey sobre Israel. David tenía treinta años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años. Durante siete años y seis meses fue rey de Judá en Hebrón; luego reinó en Jerusalén sobre todo Israel y Judá durante treinta y tres años. El rey y sus soldados marcharon sobre Jerusalén para atacar a los jebuseos, que vivían allí. Los jebuseos, pensando que David no podría entrar en la ciudad, le dijeron a David: &#8220;Aquí no entrarás; para ponerte en retirada, nos bastan los ciegos y los cojos.&#8221; Pero David logró capturar la fortaleza de Sión, que ahora se llama la Ciudad de David. Aquel día David dijo: &#8220;Todo el que vaya a matar a los jebuseos, que suba por el acueducto, para alcanzar a los cojos y a los ciegos. ¡Los aborrezco!&#8221; De ahí viene el dicho: &#8220;Los ciegos y los cojos no entrarán en el palacio.&#8221; David se instaló en la fortaleza y la llamó Ciudad de David. También construyó una muralla alrededor, desde el terraplén hasta el palacio, y se fortaleció más y más, porque el Señor Dios Todopoderoso estaba con él. Hiram, rey de Tiro, envió una embajada a David, y también le envió madera de cedro, carpinteros y canteros, para construirle un palacio. Con esto David se dio cuenta de que el Señor, por amor a su pueblo, lo había establecido a él como rey sobre Israel y había engrandecido su reino. Cuando David se trasladó de Hebrón a Jerusalén, tomó más concubinas y esposas, con las cuales tuvo otros hijos y otras hijas. Los hijos que allí tuvo fueron Samúa, Sobab, Natán, Salomón, Ibjar, Elisúa, Néfeg, Jafía, Elisama, Eliadá y Elifelet. Al enterarse los filisteos de que David había sido ungido rey de Israel, subieron todos ellos contra él; pero David lo supo de antemano y bajó a la fortaleza. Los filisteos habían avanzado, desplegando sus fuerzas en el valle de Refayin, así que David consultó al Señor: ¿Debo atacar a los filisteos? ¿Los entregarás en mi poder? Atácalos respondió el Señor; te aseguro que te los entregaré. Entonces David fue a Baal Perasín, y allí los derrotó. Por eso aquel lugar se llama Baal Perasín, [2] pues David dijo: &#8220;El Señor ha abierto brechas a mi paso entre mis enemigos, así como se abren brechas en el agua.&#8221; Allí los filisteos dejaron abandonados sus ídolos, y David y sus soldados se los llevaron. Pero los filisteos volvieron a avanzar contra David, y desplegaron sus fuerzas en el valle de Refayin, así que David volvió a consultar al Señor. No los ataques todavía le respondió el Señor; rodéalos hasta llegar a los árboles de bálsamo, y entonces atácalos por la retaguardia. Tan pronto como oigas un ruido como de pasos sobre las copas de los árboles, lánzate al ataque, pues eso quiere decir que el Señor va al frente de ti para derrotar al ejército filisteo. Así lo hizo David, tal como el Señor se lo había ordenado, y derrotó a los filisteos desde Gabaón hasta Guézer. Una vez más, David reunió los treinta batallones de soldados escogidos de Israel, y con todo su ejército partió hacia Balá de Judá para trasladar de allí el arca de Dios, sobre la que se invoca su nombre, el nombre del Señor Todopoderoso que reina entre los querubines. Colocaron el arca de Dios en una carreta nueva y se la llevaron de la casa de Abinadab, que estaba situada en una colina. Uza y Ajío, hijos de Abinadab, guiaban la carreta nueva que llevaba el arca de Dios. Ajío iba delante del arca, mientras David y todo el pueblo de Israel danzaban ante el Señor con gran entusiasmo y cantaban al son de arpas, liras, panderetas, sistros y címbalos. Al llegar a la parcela de Nacón, los bueyes tropezaron; pero Uza, extendiendo las manos, sostuvo el arca de Dios. Con todo, la ira del Señor se encendió contra Uza por su atrevimiento y lo hirió de muerte ahí mismo, de modo que Uza cayó fulminado junto al arca. David se enojó porque el Señor había matado a Uza, así que llamó a aquel lugar Peres Uza, nombre que conserva hasta el día de hoy. Aquel día David se sintió temeroso del Señor y exclamó: &#8220;¡Es mejor que no me lleve el arca del Señor!&#8221; Y como ya no quería llevarse el arca del Señor a la Ciudad de David, ordenó que la trasladaran a la casa de Obed Edom, oriundo de Gat. Fue así como el arca del Señor permaneció tres meses en la casa de Obed Edom de Gat, y el Señor lo bendijo a él y a toda su familia. En cuanto le contaron al rey David que por causa del arca el Señor había bendecido a la familia de Obed Edom y toda su hacienda, David fue a la casa de Obed Edom y, en medio de gran algarabía, trasladó el arca de Dios a la Ciudad de David. Apenas habían avanzado seis pasos los que llevaban el arca cuando David sacrificó un toro y un ternero engordado. Vestido tan sólo con un efod de lino, se puso a bailar ante el Señor con gran entusiasmo. Así que entre vítores y al son de cuernos de carnero, David y todo el pueblo de Israel llevaban el arca del Señor. Sucedió que, al entrar el arca del Señor a la Ciudad de David, Mical hija de Saúl se asomó a la ventana; y cuando vio que el rey David estaba saltando y bailando delante del Señor, sintió por él un profundo desprecio. El arca del Señor fue llevada a la tienda de campaña que David le había preparado. La instalaron en su sitio, y David ofreció holocaustos y sacrificios de comunión en presencia del Señor. Después de ofrecer los holocaustos y los sacrificios de comunión, David bendijo al pueblo en el nombre del Señor Todopoderoso, y a cada uno de los israelitas que estaban allí congregados, que eran toda una multitud de hombres y mujeres, les repartió pan, una torta de dátiles y una torta de uvas pasas. Después de eso, todos regresaron a sus casas. Cuando David volvió para bendecir a su familia, Mical, la hija de Saúl, le salió al encuentro y le reprochó: ¡Qué distinguido se ha visto hoy el rey de Israel, desnudándose como un cualquiera en presencia de las esclavas de sus oficiales! David le respondió: Lo hice en presencia del Señor, quien en vez de escoger a tu padre o a cualquier otro de su familia, me escogió a mí y me hizo gobernante de Israel, que es el pueblo del Señor. De modo que seguiré bailando en presencia del Señor, y me rebajaré más todavía, hasta humillarme completamente. Sin embargo, esas mismas esclavas de quienes hablas me rendirán honores. Y Mical hija de Saúl murió sin haber tenido hijos. Una vez que el rey David se hubo establecido en su palacio, el Señor le dio descanso de todos los enemigos que lo rodeaban. Entonces el rey le dijo al profeta Natán: Como puedes ver, yo habito en un palacio de cedro, mientras que el arca de Dios se encuentra bajo el toldo de una tienda de campaña. Bien respondió Natán. Haga Su Majestad lo que su corazón le dicte, pues el Señor está con usted. Pero aquella misma noche la palabra del Señor vino a Natán y le dijo: &#8220;Ve y dile a mi siervo David que así dice el Señor: ¿Serás tú acaso quien me construya una casa para que yo la habite? Desde el día en que saqué a los israelitas de Egipto, y hasta el día de hoy, no he habitado en casa alguna, sino que he andado de acá para allá, en una tienda de campaña a manera de santuario. Todo el tiempo que anduve con los israelitas, cuando mandé a sus gobernantes que pastorearan a mi pueblo Israel, ¿acaso le reclamé a alguno de ellos el no haberme construido una casa de cedro? &#8220;Pues bien, dile a mi siervo David que así dice el Señor Todopoderoso: Yo te saqué del redil para que, en vez de cuidar ovejas, gobernaras a mi pueblo Israel. Yo he estado contigo por dondequiera que has ido, y por ti he aniquilado a todos tus enemigos. Y ahora voy a hacerte tan famoso como los más grandes de la tierra. También voy a designar un lugar para mi pueblo Israel, y allí los plantaré para que puedan vivir sin sobresaltos. Sus malvados enemigos no volverán a humillarlos como lo han hecho desde el principio, desde el día en que nombré gobernantes sobre mi pueblo Israel. Y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. &#8220;Pero ahora el Señor te hace saber que será él quien te construya una casa. Cuando tu vida llegue a su fin y vayas a descansar entre tus antepasados, yo pondré en el trono a uno de tus propios descendientes, y afirmaré su reino. Será él quien construya una casa en mi honor, y yo afirmaré su trono real para siempre. Yo seré su padre, y él será mi hijo. Así que, cuando haga lo malo, lo castigaré con varas y azotes, como lo haría un padre. Sin embargo, no le negaré mi amor, como se lo negué a Saúl, a quien abandoné para abrirte paso. Tu casa y tu reino durarán para siempre delante de mí; tu trono quedará establecido para siempre. &#8221; Natán le comunicó todo esto a David, tal como lo había recibido por revelación. Luego el rey David se presentó ante el Señor y le dijo: &#8220;Señor y Dios, ¿quién soy yo, y qué es mi familia, para que me hayas hecho llegar tan lejos? Como si esto fuera poco, Señor y Dios, también has hecho promesas a este siervo tuyo en cuanto al futuro de su dinastía. ¡Tal es tu plan para con los hombres, Señor y Dios! &#8220;¿Qué más te puede decir tu siervo David que tú no sepas, Señor mi Dios? Has hecho estas maravillas en cumplimiento de tu palabra, según tu voluntad, y las has revelado a tu siervo. &#8220;¡Qué grande eres, Señor omnipotente! Nosotros mismos hemos aprendido que no hay nadie como tú, y que aparte de ti no hay Dios. ¿Y qué nación se puede comparar con tu pueblo Israel? Es la única nación en la tierra que tú has redimido, para hacerla tu propio pueblo y para dar a conocer tu nombre. Hiciste prodigios y maravillas cuando al paso de tu pueblo, al cual redimiste de Egipto, expulsaste a las naciones y a sus dioses. Estableciste a Israel para que fuera tu pueblo para siempre, y para que tú, Señor, fueras su Dios. &#8220;Y ahora, Señor y Dios, reafirma para siempre la promesa que les has hecho a tu siervo y a su dinastía. Cumple tu palabra para que tu nombre sea siempre exaltado, y para que todos digan: ¡El Señor Todopoderoso es Dios de Israel! Entonces la dinastía de tu siervo David quedará establecida en tu presencia. &#8220;Señor Todopoderoso, Dios de Israel, tú le has revelado a tu siervo el propósito de establecerle una dinastía, y por eso tu siervo se ha atrevido a hacerte esta súplica. Señor mi Dios, tú que le has prometido tanta bondad a tu siervo, ¡tú eres Dios, y tus promesas son fieles! Dígnate entonces bendecir a la familia de tu siervo, de modo que bajo tu protección exista para siempre, pues tú mismo, Señor omnipotente, lo has prometido. Si tú bendices a la dinastía de tu siervo, quedará bendita para siempre.&#8221;</p>
<p>Salmo 62:<br />
Sólo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi salvación. Sólo él es mi roca y mi salvación; él es mi protector. ¡Jamás habré de caer! ¿Hasta cuándo atacarán todos ustedes a un *hombre para derribarlo? Es como un muro inclinado, ¡como una cerca a punto de derrumbarse! Sólo quieren derribarlo de su lugar de preeminencia. Se complacen en la mentira: bendicen con la boca, pero maldicen con el corazón. Selah. Sólo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi esperanza. Sólo él es mi roca y mi salvación; él es mi protector y no habré de caer. Dios es mi salvación y mi gloria; es la roca que me fortalece; ¡mi refugio está en Dios! Confía siempre en él, pueblo mío; ábrele tu corazón cuando estés ante él. ¡Dios es nuestro refugio! Selah. Una quimera es la gente de humilde cuna, y una mentira la gente de alta alcurnia; si se les pone juntos en la balanza, todos ellos no pesan nada. No confíen en la extorsión ni se hagan ilusiones con sus rapiñas; y aunque se multipliquen sus riquezas, no pongan el corazón en ellas. Una cosa ha dicho Dios, y dos veces lo he escuchado: Que tú, oh Dios, eres poderoso; que tú, Señor, eres todo amor; que tú pagarás a cada uno según lo que merezcan sus obras.</p>
<p>Proverbios 25:<br />
Éstos son otros proverbios de Salomón, copiados por los escribas de Ezequías, rey de Judá. Gloria de Dios es ocultar un asunto, y gloria de los reyes el investigarlo. Tan impenetrable es el corazón de los reyes como alto es el cielo y profunda la tierra. Quita la escoria de la plata, y de allí saldrá material para el orfebre; quita de la presencia del rey al malvado, y el rey afirmará su trono en la justicia. No te des importancia en presencia del rey, ni reclames un lugar entre los magnates; vale más que el rey te diga: &#8220;Sube acá&#8221;, y no que te humille ante gente importante. no lo lleves de inmediato al tribunal, pues ¿qué harás si a fin de cuentas tu prójimo te pone en vergüenza? no lo lleves de inmediato al tribunal, pues ¿qué harás si a fin de cuentas tu prójimo te pone en vergüenza? Defiende tu causa contra tu prójimo, pero no traiciones la confianza de nadie, no sea que te avergüence el que te oiga y ya no puedas quitarte la infamia. Como naranjas de oro con incrustaciones de plata son las palabras dichas a tiempo. Como anillo o collar de oro fino son los regaños del sabio en oídos atentos. Como frescura de nieve en día de verano es el mensajero confiable para quien lo envía, pues infunde nuevo ánimo en sus amos. Nubes y viento, y nada de lluvia, es quien presume de dar y nunca da nada. Con paciencia se convence al gobernante. ¡La lengua amable quebranta hasta los huesos! Si encuentras miel, no te empalagues; la mucha miel provoca náuseas. No frecuentes la casa de tu amigo; no sea que lo fastidies y llegue a aborrecerte. Un mazo, una espada, una aguda saeta, ¡eso es el falso testigo contra su amigo! Confiar en gente desleal en momentos de angustia es como tener un diente careado o una pierna quebrada. Dedicarle canciones al corazón afligido es como echarle vinagre a una herida o como andar desabrigado en un día de frío. Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Actuando así, harás que se avergüence de su conducta, y el Señor te lo recompensará. Con el viento del norte vienen las lluvias; con la lengua viperina, las malas caras. Más vale habitar en un rincón de la azotea que compartir el techo con mujer pendenciera. Como el agua fresca a la garganta reseca son las buenas noticias desde lejanas tierras. Manantial turbio, contaminado pozo, es el justo que flaquea ante el impío. No hace bien comer mucha miel, ni es honroso buscar la propia gloria. Como ciudad sin defensa y sin murallas es quien no sabe dominarse.</p>
<p>El Libro de 2 Juan Capítulo 1 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:</p>
<p>LA SEGUNDA EPÍSTOLA DE<br />
SAN JUAN</p>
<p>INTRODUCCIÓN<br />
(90 d.C.)<br />
EL Anciano (normalmente se refiere al &#8220;Pastor,&#8221; sin embargo, parece ser un título dado a Juan y por los motivos obvios; él era el último Apóstol de los Doce escogidos que iba a morir) a la señora elegida y a sus hijos (se cree que esta mujer era una Cristiana devota que vivió cerca de Éfeso; también parece que su casa era el lugar de reunión de la asamblea local), a los cuales yo amo en verdad (se refiere al Amor de Dios); y no yo sólo, sino también todos los que han conocido la Verdad (el vínculo que le había traído a este Apóstol anciano a esta querida señora era &#8220;la Verdad&#8221;);<br />
2 Por la verdad que está (el amor es un producto de la Verdad) en nosotros, y será perpetuamente con nosotros. (La verdad es inmutable.)<br />
3 Sea con vosotros Gracia, Misericordia, y Paz de Dios el Padre, y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en Verdad y en Amor. (La Cruz hace todo esto posible.)<br />
AMOR<br />
4 Mucho me he gozado, porque he hallado de tus hijos, que andan en Verdad (sus hijos se comportaban en la esfera de la Verdad como lo es en Cristo Jesús, diariamente), como nosotros hemos recibido el Mandamiento del Padre (relaciona el hecho de que la Verdad por la cual ellos vivían no fue de su propia maquinación, sino que fue de acuerdo a la Palabra de Dios).<br />
5 Y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo Mandamiento, sino aquel que nosotros hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos a otros (el gran sello del Cristianismo).<br />
6 Y este es amor, que andemos según Sus Mandamientos (la expresión o prueba apropiada del amor a Dios). Este es el Mandamiento, que andéis en Él, como vosotros habéis oído desde el principio. (El Mandamiento por el cual los seguidores del Señor han de ser caracterizados particularmente y por lo que hemos de ser distinguidos en el mundo.)<br />
ENGAÑADORES<br />
7 Porque muchos engañadores son entrados en el mundo (un falso maestro que guía a otros en herejías, es decir, &#8220;fuera de la Cruz&#8221;), los cuales no confiesan que Jesucristo ha venido en carne (una negación de la Encarnación). Este tal es el engañador, y el Anticristo. (Toda doctrina errónea comienza con una idea errónea o mala interpretación de la &#8220;Persona&#8221; de Cristo.)<br />
8 Mirad por vosotros mismos, para que no perdamos las cosas que hemos logrado (es igual al de Pablo &#8220;examinaos a vosotros mismos&#8221; [II Cor. 13:5]), sino que recibamos galardón cumplido (se refiere al Tribunal venidero de Cristo, dónde y cuándo todo Verdadero Cristiano va a rendir cuentas).<br />
9 Cualquiera que se rebela, y no persevera en la Doctrina de Cristo, no tiene a Dios. (La &#8220;Doctrina de Cristo&#8221; en resumen es &#8220;la Cruz.&#8221; Si alguien deja la Cruz, esa persona infringe, y ya no tiene al Señor, lo que significa que el alma estará perdida si sigue en esa dirección.) El que persevera en la Doctrina de Cristo, el tal tiene al Padre y al Hijo (Gál. 5:1-6).<br />
10 Si alguno viene a vosotros, y no trae esta Doctrina (Jesucristo y Él Crucificado), no lo recibáis en casa, ni le digáis, Bienvenido (recibirle muestra aceptación):<br />
11 Porque el que le dice Bienvenido, comunica con sus malas obras. (¡La persona que ayuda en lo económico a los falsos Apóstoles participa en la doctrina errónea, lo cual es un asunto muy serio!)<br />
BENDICIÓN FINAL<br />
12 Aunque tengo muchas cosas que escribiros, no he querido comunicarlas por medio de papel y tinta; mas espero ir a vosotros, y hablar boca a boca, para que nuestro gozo sea cumplido. (Lo que él dijo en esta breve Epístola es claramente todo lo que el Espíritu Santo quiso que él escribiera en este tiempo, al menos a esta señora en particular.)<br />
13 Los hijos de tu hermana elegida te saludan. Amén (Juan le estaba hablando a la hermana de sangre de la &#8220;señora elegida&#8221; a quien él le estaba escribiendo. La simplicidad del gran Apóstol — el amigo íntimo del Señor Resucitado, el último de los grandes pilares de la Iglesia — en la transmisión de este Mensaje conocido llega a una conclusión instructiva de lo que es un cuadro hermoso hasta el final).</p>
<p>Primera Corintios Capítulo 13:<br />
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.</p>
<p>Hebreos 10:35-12:4<br />
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, &#8220;el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado.&#8221; Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: &#8220;Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac.&#8221; Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.</p>
<p>Romanos 8:<br />
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: &#8220;¡Abba! ¡Padre!&#8221; El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: &#8220;Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero.&#8221; Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.</p>
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		<pubDate>Wed, 01 Oct 2008 10:12:38 +0000</pubDate>
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		<title>El 22 de Setiembre Lectura Bíblica Diaria</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Sep 2008 09:38:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lectorbiblico</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El 22 de Setiembre Lectura Bíblica Diaria: Ecclesiastés 3 a 5: Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo: un tiempo para nacer, y un tiempo para morir; un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar; un tiempo para matar, y un tiempo para sanar; [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=lectorbiblico.wordpress.com&amp;blog=2986847&amp;post=416&amp;subd=lectorbiblico&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://3.bp.blogspot.com/_34cSdhYVD0k/SNdoaodPPSI/AAAAAAAAAio/qOh-M5A9HY0/s1600-h/Seychelles_praslin_anselazio.jpg"><img style="display:block;cursor:hand;text-align:center;margin:0 auto 10px;" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_34cSdhYVD0k/SNdoaodPPSI/AAAAAAAAAio/qOh-M5A9HY0/s400/Seychelles_praslin_anselazio.jpg" border="0" /></a><br /><span style="font-family:trebuchet ms;"><strong>El 22 de Setiembre Lectura Bíblica Diaria:</strong><br /></span>
<div><strong><span style="font-family:trebuchet ms;">Ecclesiastés 3 a 5:</span></strong></div>
<p>
<div><span style="font-family:trebuchet ms;">Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo: un tiempo para nacer, y un tiempo para morir; un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar; un tiempo para matar, y un tiempo para sanar; un tiempo para destruir, y un tiempo para construir; un tiempo para llorar, y un tiempo para reír; un tiempo para estar de luto, y un tiempo para saltar de gusto; un tiempo para esparcir piedras, y un tiempo para recogerlas; un tiempo para abrazarse, y un tiempo para despedirse; un tiempo para intentar, y un tiempo para desistir; un tiempo para guardar, y un tiempo para desechar; un tiempo para rasgar, y un tiempo para coser; un tiempo para callar, y un tiempo para hablar; un tiempo para amar, y un tiempo para odiar; un tiempo para la guerra, y un tiempo para la paz. ¿Qué provecho saca quien trabaja, de tanto afanarse? He visto la tarea que Dios ha impuesto al *género humano para abrumarlo con ella. Dios hizo todo hermoso en su momento, y puso en la *mente humana el sentido del tiempo, aun cuando el *hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin. Yo sé que nada hay mejor para el hombre que alegrarse y hacer el bien mientras viva; y sé también que es un don de Dios que el hombre coma o beba, y disfrute de todos sus afanes. Sé además que todo lo que Dios ha hecho permanece para siempre; que no hay nada que añadirle ni quitarle; y que Dios lo hizo así para que se le tema. Lo que ahora existe, ya existía; y lo que ha de existir, existe ya. Dios hace que la historia se repita. He visto algo más en esta vida: maldad donde se dictan las sentencias, y maldad donde se imparte la justicia. Pensé entonces: «Al justo y al malvado los juzgará Dios, pues hay un tiempo para toda obra y un lugar para toda acción.» Pensé también con respecto a los *hombres: «Dios los está poniendo a prueba, para que ellos mismos se den cuenta de que son como los animales. Los hombres terminan igual que los animales; el destino de ambos es el mismo, pues unos y otros mueren por igual, y el aliento de vida es el mismo para todos, así que el hombre no es superior a los animales. Realmente, todo es absurdo, y todo va hacia el mismo lugar. »Todo surgió del polvo, y al polvo todo volverá. »¿Quién sabe si el espíritu del hombre se remonta a las alturas, y el de los animales desciende a las profundidades de la tierra?» He visto, pues, que nada hay mejor para el hombre que disfrutar de su trabajo, ya que eso le ha tocado. Pues, ¿quién lo traerá para que vea lo que sucederá después de él? Luego me fijé en tanta opresión que hay en esta vida. Vi llorar a los oprimidos, y no había quien los consolara; el poder estaba del lado de sus opresores, y no había quien los consolara. Y consideré más felices a los que ya han muerto que a los que aún viven, aunque en mejor situación están los que aún no han nacido, los que no han visto aún la maldad que se comete en esta vida. Vi además que tanto el afán como el éxito en la vida despiertan envidias. Y también esto es absurdo; ¡es correr tras el viento! El necio se cruza de brazos, y acaba muriéndose de hambre. Más vale poco con tranquilidad que mucho con fatiga … ¡corriendo tras el viento! Me fijé entonces en otro absurdo en esta vida: vi a un hombre solitario, sin hijos ni hermanos, y que nunca dejaba de afanarse; ¡jamás le parecían demasiadas sus riquezas! «¿Para quién trabajo tanto, y me abstengo de las cosas buenas?», se preguntó. ¡También esto es absurdo, y una penosa tarea! Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante! Si dos se acuestan juntos, entrarán en calor; uno solo ¿cómo va a calentarse? Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente! Más vale joven pobre pero sabio que rey viejo pero necio, que ya no sabe recibir consejos. Aunque de la cárcel haya ascendido al trono, o haya nacido pobre en ese reino, en esta vida he visto que la gente apoya al joven que sucede al rey. Y aunque es incontable la gente que sigue a los reyes, muchos de los que vienen después tampoco quedan contentos con el sucesor. Y también esto es absurdo; ¡es alcanzar el viento! Cuando vayas a la casa de Dios, cuida tus pasos y acércate a escuchar en vez de ofrecer sacrificio de necios, que ni conciencia tienen de que hacen mal. No te apresures, ni con la boca ni con la mente, a proferir ante Dios palabra alguna; él está en el cielo y tú estás en la tierra. Mide, pues, tus palabras. Quien mucho se preocupa tiene pesadillas, y quien mucho habla dice tonterías. Cuando hagas un voto a Dios, no tardes en cumplirlo, porque a Dios no le agradan los necios. Cumple tus votos: Vale más no hacer votos que hacerlos y no cumplirlos. No permitas que tu boca te haga pecar, ni digas luego ante el mensajero de Dios que lo hiciste sin querer. ¿Por qué ha de enojarse Dios por lo que dices, y destruir el fruto de tu trabajo? Más bien, entre tantos absurdos, pesadillas y palabrerías, muestra temor a Dios. Si en alguna provincia ves que se oprime al pobre, y que a la gente se le niega un juicio justo, no te asombres de tales cosas; porque a un alto oficial lo vigila otro más alto, y por encima de ellos hay otros altos oficiales. ¿Qué provecho hay en todo esto para el país? ¿Está el rey al servicio del campo? Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente. ¡También esto es absurdo! Donde abundan los bienes, sobra quien se los gaste; ¿y qué saca de esto su dueño, aparte de contemplarlos? El trabajador duerme tranquilo, coma mucho o coma poco. Al rico sus muchas riquezas no lo dejan dormir. He visto un mal terrible en esta vida: riquezas acumuladas que redundan en perjuicio de su dueño, y riquezas que se pierden en un mal negocio. Y si llega su dueño a tener un hijo, ya no tendrá nada que dejarle. Tal como salió del vientre de su madre, así se irá: desnudo como vino al mundo, y sin llevarse el fruto de tanto trabajo. Esto es un mal terrible: que tal como viene el hombre, así se va. ¿Y de qué le sirve afanarse tanto para nada? Además, toda su vida come en tinieblas, y en medio de muchas molestias, enfermedades y enojos. Esto es lo que he comprobado: que en esta vida lo mejor es comer y beber, y disfrutar del fruto de nuestros afanes. Es lo que Dios nos ha concedido; es lo que nos ha tocado. Además, a quien Dios le concede abundancia y riquezas, también le concede comer de ellas, y tomar su parte y disfrutar de sus afanes, pues esto es don de Dios. Y como Dios le llena de alegría el corazón, muy poco reflexiona el hombre en cuanto a su vida.</p>
<p>Salmo 132:<br />Señor, acuérdate de David y de todas sus penurias. Acuérdate de sus juramentos al Señor, de sus votos al Poderoso de Jacob: &#8220;No gozaré del calor del hogar, ni me daré un momento de descanso; no me permitiré cerrar los ojos, y ni siquiera el menor pestañeo, antes de hallar un lugar para el Señor, una morada para el Poderoso de Jacob.&#8221; En Efrata oímos hablar del arca; dimos con ella en los campos de Yagar: &#8220;Vayamos hasta su morada; postrémonos ante el estrado de sus pies.&#8221; Levántate, Señor; ven a tu lugar de reposo, tú y tu arca poderosa. ¡Que se revistan de justicia tus sacerdotes! ¡Que tus fieles canten jubilosos! Por amor a David, tu siervo, no le des la espalda a tu ungido. El Señor le ha hecho a David un firme juramento que no revocará: &#8220;A uno de tus propios descendientes lo pondré en tu trono. Si tus hijos cumplen con mi pacto y con los estatutos que les enseñaré, también sus descendientes te sucederán en el trono para siempre.&#8221; El Señor ha escogido a Sión; su deseo es hacer de este monte su morada: &#8220;Éste será para siempre mi lugar de reposo; aquí pondré mi trono, porque así lo deseo. Bendeciré con creces sus provisiones, y saciaré de pan a sus pobres. Revestiré de salvación a sus sacerdotes, y jubilosos cantarán sus fieles. &#8220;Aquí haré renacer el poder de David, y encenderé la lámpara de mi ungido. A sus enemigos los cubriré de vergüenza, pero él lucirá su corona esplendorosa.&#8221;</p>
<p>Proverbios 1:<br />Proverbios de Salomón hijo de David, rey de Israel: para adquirir sabiduría y disciplina; para discernir palabras de inteligencia; para recibir la corrección que dan la prudencia, la rectitud, la justicia y la equidad; para infundir sagacidad en los inexpertos, conocimiento y discreción en los jóvenes. Escuche esto el sabio, y aumente su saber; reciba dirección el entendido, para discernir el proverbio y la parábola, los dichos de los sabios y sus enigmas. El temor del Señor es el principio del conocimiento; los necios desprecian la sabiduría y la disciplina. Hijo mío, escucha las correcciones de tu padre y no abandones las enseñanzas de tu madre. Adornarán tu cabeza como una diadema; adornarán tu cuello como un collar. Hijo mío, si los pecadores quieren engañarte, no vayas con ellos. Éstos te dirán: &#8220;¡Ven con nosotros! y démonos el gusto de matar a algún incauto; traguémonos a alguien vivo, como se traga el sepulcro a la gente; devorémoslo entero, como devora la fosa a los muertos. Obtendremos toda clase de riquezas; con el botín llenaremos nuestras casas. Comparte tu suerte con nosotros, y compartiremos contigo lo que obtengamos.&#8221; ¡Pero no te dejes llevar por ellos, hijo mío! ¡Apártate de sus senderos! Pues corren presurosos a hacer lo malo; ¡tienen prisa por derramar sangre! De nada sirve tender la red a la vista de todos los pájaros, pero aquéllos acechan su propia vida y acabarán por destruirse a sí mismos. Así terminan los que van tras ganancias mal habidas; por éstas perderán la vida. Clama la sabiduría en las calles; en los lugares públicos levanta su voz. Clama en las esquinas de calles transitadas; a la entrada de la ciudad razona: &#8220;¿Hasta cuándo, muchachos *inexpertos, seguirán aferrados a su inexperiencia? ¿Hasta cuándo, ustedes los *insolentes, se complacerán en su insolencia? ¿Hasta cuándo, ustedes los necios, aborrecerán el conocimiento? Respondan a mis reprensiones, y yo les abriré mi corazón; les daré a conocer mis pensamientos. Como ustedes no me atendieron cuando los llamé, ni me hicieron caso cuando les tendí la mano, sino que rechazaron todos mis consejos y no acataron mis reprensiones, ahora yo me burlaré de ustedes cuando caigan en desgracia. cuando les sobrevenga el miedo, cuando el miedo les sobrevenga como una tormenta y la desgracia los arrastre como un torbellino. &#8220;Entonces me llamarán, pero no les responderé; me buscarán, pero no me encontrarán. Por cuanto aborrecieron el conocimiento y no quisieron temer al Señor; por cuanto no siguieron mis consejos, sino que rechazaron mis reprensiones, cosecharán el fruto de su conducta, se hartarán con sus propias intrigas; ¡su descarrío e inexperiencia los destruirán, su complacencia y necedad los aniquilarán! Pero el que me obedezca vivirá tranquilo, sosegado y sin temor del mal.&#8221;</p>
<p>El Libro de Lucas Capítulo 1 el Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:</span></div>
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<div><span style="font-family:trebuchet ms;">EL SANTO EVANGELIO SEGÚN<br /><strong>SAN LUCAS</strong></span></div>
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<div><span style="font-family:trebuchet ms;">CAPÍTULO 1<br />(1 d.C.)<br />LA INTRODUCCIÓN<br /></span></div>
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<div><span style="font-family:trebuchet ms;">HABIENDO muchos intentado a poner en orden la historia (quiere decir que muchos han intentado en esa época escribir relatos acerca de la Vida y el Ministerio de Cristo, que quedó comprobado que no tenían inspiración alguna del Espíritu Santo, y por consiguiente, no eran fidedignos) de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas (declara el Evangelio como una narración referente a los hechos bien establecidos),<br />2 Como nos lo enseñaron (referente a los que estaban allí, y realmente observaron lo que sucedió), los que desde el principio fueron testigos oculares, y fueron ministros de la Palabra (probablemente se refiere a los miembros de los &#8220;Doce&#8221; y de los &#8220;Setenta,&#8221; como a otros);<br />3 Me ha parecido también a mí (movido por el Espíritu Santo para emprender tal), después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia (quiere decir que él confirmó con certeza absoluta la fiabilidad de estas &#8220;historias de los testigos oculares&#8221;), escribírtelas por orden (se refiere a un diseño ordenado, no necesariamente en orden cronológico), Oh excelentísimo Teófilo (no se sabe exactamente quién era este hombre; evidentemente era un Gentil de alto rango en el mundo Romano de aquel entonces, quien había aceptado a Cristo como su Salvador),<br />4 Para que conozcas la verdad de las cosas (quiere decir que podía confiar en lo que Lucas le dijo), en las cuales fuiste instruido (ya podrá separar la realidad de la ficción; Lucas escribió este Evangelio a Teófilo y como resultado millones han podido &#8220;entender&#8221; la &#8220;certeza de estas cosas&#8221;).<br />JUAN EL BAUTISTA<br />5 Hubo en los días de Herodes, rey de Judea (Herodes el Grande, el evento corresponde al nacimiento de Juan el Bautista que ocurrió hacia el final de su reinado), un Sacerdote llamado Zacarías (de ser pronunciado, &#8220;Zacarías&#8221;; es decir, &#8220;Jehová se ha acordado&#8221;), del grupo de Abías (tiene que ver con los 24 grupos del servicio del Templo; cada uno de los 24 grupos duraba por una semana [I Crón. 24:1]: Zacarías era especialmente distinguido por haber pertenecido al primer grupo de los 24 grupos o familias): y su mujer de las hijas de Aarón, llamada Elisabet (quiere decir que los dos tanto el esposo como la esposa podían trazar su linaje a Aarón, el primer Sumo Sacerdote – una distinción muy codiciada en Israel).<br />6 Y eran ambos Justos delante de Dios (nos dice que durante aquel entonces, sólo habían unos pocos que realmente eran Justos delante de Dios), andando intachables en todos los Mandamientos y Ordenanzas del Señor (indica un modo de vida de Justicia que no todos tenían, ¡Qué honor ser llamado &#8220;intachable&#8221; por el Espíritu Santo!).<br />7 Y no tenían hijo (desesperadamente querían tener hijos), porque Elisabet era estéril (esta condición la colocó en la misma categoría como Sara), y ambos eran de edad avanzada (Elisabet ya estaba pasada de edad para poder dar a luz, por lo tanto, el nacimiento de Juan fue tan milagroso como el de Isaac [Rom. 4:17-21; Heb. 11:11]).<br />8 Y aconteció, mientras que él (Zacarías) estaba ejerciendo el Sacerdocio delante de Dios por el turno indicado a su grupo (algunos creen que ese fue el mes de Julio, si fuese así, Jesús fue concebido seis meses más tarde [Luc. 1:26], lo cual sería en el mes de Enero, en consecuencia, nació nueve meses más tarde en Octubre),<br />9 Conforme a la costumbre del Sacerdocio, salió en suerte a quemar el Incienso entrando en el Templo del Señor (se utilizaba carbones de fuego tomados del Altar de Bronce, un Tipo de Cristo y Su Crucifixión, y llevado al Altar del Incienso recubierto de Oro, con carbones en el Altar, derramando el Incienso sobre los carbones; se hacía dos veces al día durante la hora de los Sacrificios de la mañana y de la tarde).<br />10 Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del Incienso.<br />11 Y se le apareció el Ángel del Señor (Gabriel) puesto en pie a la derecha del Altar del Incienso (el lado derecho es el lado de la propiciación, que, en efecto, quiere decir que Dios acepta el Sacrificio).<br />12 Y se turbó Zacarías viéndolo, y cayó temor sobre él.<br />13 Mas el Ángel le dijo, Zacarías, no temas: porque tu oración ha sido oída (la traducción Griega debe leer, &#8220;fue oída,&#8221; que significa que ya no se ofrecía a raíz de su edad; sino cada oración dirigida en la Voluntad de Dios siempre será oída por el Señor, y será contestada a Su debido tiempo); y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan (Juan quiere decir, &#8220;Jehová demuestra favor o gracia&#8221;; era una descripción apta de la persona que presentaría al Señor de la Gloria).<br />14 Y tendrás gozo y alegría; y muchos se gozarán de su nacimiento (el regocijo resultaría por el hecho de que él presentaría al Mesías).<br />15 Porque será grande delante de Dios (su grandeza se debía por haber presentado a Cristo), y no beberá vino ni sidra (significaba que él era un Nazareo [Núm., cap. 6]); y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el seno de su madre (no tiene referencia alguna a la experiencia de Hechos 2:4, que todavía no había transcurrido; él disfrutaría de ayuda excepcional de parte del Espíritu Santo debido a su misión, que tenía el propósito de presentar a Cristo).<br />16 Y a muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos (él sería el primer Profeta desde Malaquías, un período de tiempo que abarcaba cerca de 400 años, habría un gran movimiento del Espíritu bajo su Ministerio).<br />LA JUSTICIA<br />17 Porque él irá delante de Él (Cristo) con el espíritu y poder de Elías (Juan pudiera ser Elías para el pueblo, de ese modo marcaba el comienzo de la Edad del Reino, si Israel hubiera aceptado a Cristo), para hacer volver los corazones de los padres a los hijos (para que Israel de la época de Juan pudiera disfrutar de la Justicia de los Patriarcas Devotos del pasado), y los rebeldes a la prudencia de los Justos (Dios y Su Palabra); para preparar al Señor un pueblo bien prevenido (la preparación para el Mesías venidero, a Quien Juan presentaría).<br />18 Y dijo Zacarías al Ángel, ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días (una postura de incredulidad).<br />19 Y respondiendo el Ángel le dijo, Yo soy Gabriel (el mismo Ángel que vino a Daniel [Dan. 8:16; 9:21], y dentro de poco sería enviado a María [Luc. 1:26]), que estoy en la Presencia de Dios (es posible que representa el rango superior entre los Ángeles); y soy enviado a hablarte, y a darte estas buenas nuevas (despachadas desde el Trono de Dios).<br />20 Y, he aquí, estarás mudo (hay algunas indicaciones en el Texto Griego que él quedaría sordo y mudo), y no podrás hablar, hasta el día que esto sea hecho (había pedido por una señal y se le fue dada una pero muy penosa), por cuanto no creíste a mis palabras (la incredulidad es un pecado), las cuales se cumplirán a su tiempo (independientemente de su incredulidad, esto acontecerá).<br />21 Y el pueblo estaba esperando a Zacarías (corresponde a la costumbre habitual del Sacerdote al terminar sus responsabilidades, luego salía y pronunciaba una bendición sobre el pueblo), y se maravillaban de que él se detuviese en el Templo (&#8220;se maravillaban&#8221; no demuestra la impaciencia, pero al contrario la anticipación; ¡ellos no estaban desilusionados!).<br />22 Y saliendo, no les podía hablar (la &#8220;señal&#8221; ya había comenzado): y entendieron que había visto visión en el Templo (probablemente se refería a un posible resplandor de su rostro): y él les hablaba por señas, y quedó mudo.<br />23 Y fue, que cumplidos los días de su oficio (transcurría casi por una semana), se vino a su casa.<br />24 Y después de aquellos días concibió su mujer Elisabet (no nos dice cuántos años tenía ella, sólo que era &#8220;de edad avanzada&#8221; [v. 7]), y se escondió por cinco meses, diciendo (se escondió para buscar al Señor en cuanto a la manera que ella debía criar a este hijo, y cómo él sería entrenado),<br />25 Porque el Señor me ha hecho así en los días en que se dignó mirarme para quitar mi afrenta entre los hombres (ya no quedaría sin hijos, pero, de hecho, dará a luz al Profeta más grande que jamás ha vivido).<br />MARÍA<br />26 Y al sexto mes (se refiere a seis meses después que Elisabet había concebido; en consecuencia, Juan era seis meses mayor que Jesús) el Ángel Gabriel fue enviado de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret (aunque parezca extraño, Israel despreció a Nazaret en esa época),<br />27 A una virgen (en el Texto Griego esta palabra es &#8220;pardsénos,&#8221; que se refiere a una virgen pura que no conoció jamás a hombre alguno, y nunca ha tenido una relación conyugal; en Hebreo, la palabra es &#8220;Ha-alma,&#8221; que significa, &#8220;la Virgen – la única que haya existido, o que jamás habría una madre de esta manera&#8221;) desposada (comprometida) con un varón que se llamaba José, de la casa de David (estaba en el linaje directo de David a través de Salomón); y el nombre de la Virgen era María (el linaje de María se trazó por David pero a través de uno de los hijos de David, Natán; por lo tanto, su linaje era perfecto en cuanto a las Profecías del Mesías que vendría de la Casa de David [II Sam., cap. 7]).<br />28 Y entrando el Ángel adonde estaba, dijo (indica el momento más grande en la historia humana, el anuncio del nacimiento venidero del Señor de la Gloria en la Encarnación, es decir, &#8220;Dios hecho hombre&#8221;), Salve, muy favorecida (quiere decir, &#8220;muy engraciada,&#8221; no &#8220;llena de gracia,&#8221; como la Iglesia Católica lo enseña, sino como alguien que sin merecer, había recibido la notable Gracia de Dios) el Señor está contigo (señala su posición de humildad): bendita tú entre las mujeres (no dice &#8220;más que todas las demás mujeres&#8221; como los Católicos enseñan, sin embargo, ella definitivamente fue muy bendita).<br />29 Más ella cuando le vio, se turbó de sus palabras (una perturbación total, no una agitación parcial, ni ligera), y pensaba qué salutación fuese ésta (ella de ninguna manera entendió la razón por la cual él se dirigió a ella como lo hizo).<br />30 Entonces el Ángel le dijo, María, no temas: porque has hallado gracia delante de Dios (debiera traducirse, &#8220;tú has recibido la Gracia de parte de Dios&#8221;).<br />31 Y, he aquí, concebirás en tu seno (debiera traducirse, &#8220;tú concebirás seguidamente en tu matriz,&#8221; quiere decir inmediatamente), y darás a luz un Hijo (expresa la Encarnación, Dios manifestado en la carne, Dios con nosotros, y Emanuel [Isa. 7:14]), y llamarás Su Nombre JESÚS (la versión Griega del Hebreo, &#8220;Josué&#8221;; significa &#8220;El Salvador,&#8221; o &#8220;La Salvación de Jehová&#8221;).<br />32 Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo (realmente quiere decir &#8220;el Más Eminente,&#8221; y se refiere a &#8220;Jehová&#8221;): y Le dará el Señor Dios el trono de David Su padre (II Sam., cap. 7):<br />33 Y reinará sobre la casa de Jacob por siempre; y de Su Reino no habrá fin (comenzará en la Segunda Venida, y durará para siempre, pudiera haber comenzado a principios de Su Ministerio, pero Él fue rechazado por Israel, pero en la Segunda Venida, Lo aceptarán como su Salvador, Mesías y Rey [Zac., caps. 12-14]).<br />34 Entonces María dijo al Ángel, ¿Cómo será esto, porque no conozco varón? (Es muy probable que ella estaba al final de su adolescencia.)<br />35 Y respondiendo el Ángel y le dijo, El Espíritu Santo vendrá sobre ti (tiene la misma connotación que, &#8220;el Espíritu de Dios se movió sobre la faz de las aguas&#8221; [Gén. 1:2]), y la Virtud del Altísimo te hará sombra (tiene la misma referencia que, &#8220;Y dijo Dios, Sea la luz: y fue la luz&#8221; [Gén. 1:3]): por lo cual también el Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios (constituye la Encarnación, &#8220;Dios hecho Hombre&#8221;; Él sería el Mismísimo Dios y el Mismísimo Hombre).<br />36 Y, he aquí, Elisabet tu prima (la palabra, &#8220;prima,&#8221; en el Texto Griego es &#8220;sungenés,&#8221; que significa &#8220;compatriota,&#8221; y no necesariamente una prima en el sentido de un pariente consanguíneo; sin embargo, María definitivamente pudiera haber sido personalmente pariente de Elisabet), también ella ha concebido hijo en su vejez: y este es el sexto mes para ella que fue llamada la estéril:<br />37 Porque ninguna cosa es imposible para Dios (lo que es imposible con el hombre es muy posible con Dios).<br />38 Entonces María dijo, He aquí, la sierva del Señor (maravillosamente demuestra la humildad de esta señorita; pienso que ella se hubiera sentido apenada, por la manera que sin base bíblica el Catolicismo la ha elevado – aun hasta el lugar de Deidad); hágase a mí conforme a tu palabra (ella da su consentimiento en forma simple y sublime, lo que encierra el más extraordinario acto de Fe que una mujer jamás pudiera haber consentido). Y el Ángel se fue de su presencia.<br />MARÍA VISITA A ELISABET<br />39 En aquellos días levantándose María (tiene que ver con la época inmediatamente después de la aparición del Ángel Gabriel), fue a la región montañosa con prisa, a una ciudad de Judá (la tradición ubica ésta en Hebrón);<br />40 Y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet (le dio la bienvenida incondicionalmente).<br />41 Y aconteció, que, cuando oyó Elisabet la salutación de María (el relato que el Ángel Gabriel había dado a María acerca del nacimiento de Jesús), la criatura (el que sería conocido como Juan el Bautista) saltó en su vientre (con la mención de Jesús, el Espíritu Santo incluyó al niño aún no nacido y respondió; no significa que el niño aún no nacido tenía la comprensión); y Elisabet fue llena del Espíritu Santo (&#8220;llena&#8221; en el Texto Griego es &#8220;plédso,&#8221; y quiere decir &#8220;embeber, influir o proveer&#8221;; esto no tiene el sentido de lo que sucedió en el día de Pentecostés, refiriéndose a Hechos 2:4):<br />42 Y ella (Elisabet) exclamó a gran voz y dijo, Bendita tú (María) entre las mujeres (no era superior a las demás mujeres como lo afirman los Católicos; sin embargo, María fue realmente bendita, como sería obvio), y bendito el fruto de tu vientre (¡Jesucristo era aquel &#8220;fruto!&#8221;).<br />43 ¿Y por qué me ha acontecido esto a mí (¿Por qué me honran de esta manera?), que la madre de mi Señor venga a mí? (Ella usó la palabra &#8220;Señor&#8221; en su máximo sentido; cuán grande como su propio niño llegaría a ser a la Vista del Señor, he aquí, la madre del Que aún es mayor, Él Mismo Señor.)<br />44 Porque, he aquí, como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre (era una manifestación del Espíritu Santo Quién produjo esta reacción).<br />45 Y bienaventurada la que creyó (se refiere a María y su Fe): porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor (las palabras &#8220;se cumplirán&#8221; son una certidumbre de esta acción).<br />El MAGNÍFICAT<br />46 Entonces María dijo (lo que sigue realmente constituye una canción, y está en la tradición de la &#8220;canción de Débora&#8221; [Juec. 5:1-31]), engrandece mi alma al Señor (ella &#8220;magnificaba al Señor,&#8221; mientras que la Iglesia Católica erróneamente la magnifica a ella),<br />47 Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador (refuta la teoría de la &#8220;Inmaculada Concepción,&#8221; o la ausencia total del pecado original en María; Dios era su Salvador, entonces ella era una pecadora, a fin de ser Salva; Las Escrituras dice, &#8220;todos han pecado&#8221; [Rom. 3:23]).<br />48 Porque ha mirado a la bajeza de Su sierva (humildad): porque, he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones (la palabra &#8220;bienaventurada&#8221; es una sola palabra, y simplemente significa &#8220;un recipiente de la Gracia&#8221;).<br />49 Porque me ha hecho grandes cosas El Poderoso; y Santo es Su Nombre (&#8220;Santo&#8221; es la esencia de Su Ser, y se refiere a Dios el Padre).<br />50 Y Su Misericordia de generación a generación a los que Le temen (la misericordia se extiende a aquéllos que realmente Le reverencian, es decir, &#8220;lo respetan&#8221;).<br />51 Hizo valentía con Su Brazo (declara el Poder de Dios en una manera por la cual se utilizaba); esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones (expresa que el Mesías revoca el concepto del hombre de lo que es grande y pequeño).<br />52 Quitó los poderosos de los tronos, y levantó a los humildes (el Señor ignoró la vanidad orgullosa de la élite religiosa de Israel, y dirigió Su Atención en una pequeña &#8220;sierva&#8221;).<br />53 A los hambrientos ha colmado de bienes (tiene que ver con los que tienen hambre y sed de Justicia [Mat. 5:6]); y a los ricos envió vacíos (se refiere a los que afirman ser ricos y enriquecidos de bienes, y no tienen necesidad de nada [Apoc. 3:17]).<br />54 Recibió a Israel Su siervo, acordándose de Su Misericordia (desgraciadamente, Israel no quiso Su ayuda, ni Su Misericordia).<br />55 Como habló a nuestros padres, a Abraham, y a su simiente para siempre (el canto de María comienza &#8220;magnificando al Señor,&#8221; y termina &#8220;recordando para siempre las Promesas de Dios&#8221;).<br />56 Y se quedó María con ella (Elisabet) como tres meses, después se volvió a su casa (toda indicación es de que José y María se casaron casi inmediatamente después de la visita del Ángel Gabriel [Mat. 1:18-25]).<br />EL NACIMIENTO DE JUAN<br />EL BAUTISTA<br />57 Y a Elisabet se le cumplió el tiempo de dar a luz; y dio a luz un hijo.<br />58 Y oyeron los vecinos y los parientes que Dios había hecho con ella grande misericordia; y se alegraron con ella.<br />59 Y aconteció, que al octavo día vinieron para circuncidar al niño (era un Mandamiento originalmente dado a Abraham por el Señor [Gén. 17:10-12]); y ellos le llamaban del nombre de su padre, Zacarías (&#8220;ellos&#8221; se refiere a amigos y a parientes, no se refiere a Zacarías ni a Elisabet).<br />60 Y respondiendo su madre dijo, No; sino Juan será llamado (en obediencia a lo que Gabriel había encargado).<br />61 Y le dijeron, ¿Por qué? nadie hay en tu parentela que se llame de este nombre.<br />62 Y hablaron por señas a su padre, cómo le quería llamar (demuestra que él no podía oír ni hablar).<br />63 Y demandando la tablilla, escribió, diciendo, Juan es su nombre. Y todos se maravillaron (en el acto de obedecer, como el siguiente Versículo lo expresa, Zacarías ya podía oír y hablar, y posiblemente le contó a ellos el relato de la aparición de Gabriel).<br />64 Y luego, fue abierta su boca y su lengua, y habló, bendiciendo a Dios.<br />65 Y fue un temor sobre todos los vecinos de ellos: y en todas las montañas de Judea fueron divulgadas todas estas cosas (Dios volvía a obrar en Israel; los 400 años de sequía profética fueron quebrantadas; una vez más, oirán, &#8220;La Palabra del Señor . . .&#8221;).<br />66 Y todos los que las oían (las predicciones de Gabriel como fueron relatados por Zacarías y Elisabet), las conservaban en su corazón, diciendo, ¿Quién será este niño? Y la Mano del Señor estaba con él (es la manera en que Lucas expresa todo lo que le ocurrió a Juan el Bautista durante toda su vida).<br />LA PROFECÍA DE ZACARÍAS<br />67 Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo (tiene que ver con el Espíritu Santo que le ayudaba), y profetizó, diciendo (concerniente a lo que Juan el Bautista haría y sería en su Ministerio),<br />68 Bendito el Señor Dios de Israel; que ha visitado y hecho redención a Su pueblo (la palabra &#8220;bendito,&#8221; como se usa aquí, es la palabra, &#8220;bendecido,&#8221; y quiere decir que Dios está lleno de Gracia, y en realidad es El Dador de la Gracia; la gran Redención prometida desde hace mucho tiempo; ¡ya era una realidad!),<br />69 Y nos alzó un Cuerno de Salvación en la casa de David Su siervo (&#8220;un Cuerno de Salvación&#8221; es otro nombre que se Le da a Cristo por el Espíritu Santo);<br />70 Como habló por boca de sus Santos Profetas, que fueron desde el principio (comenzó en Génesis 3:15):<br />71 Salvación de nuestros enemigos, y de mano de todos los que nos aborrecieron (declara la Salvación por la Gracia, pero también para Israel, y será cumplido en la Segunda Venida);<br />72 Para hacer misericordia con nuestros padres, y acordándose de Su Santo Pacto (Jesús es el portador de esa &#8220;Misericordia,&#8221; en realidad ¡Él es la Misericordia!);<br />73 Del juramento que juró a Abraham nuestro padre (este &#8220;Juramento&#8221; se encuentra en Gén. 12:3; 17:4; 22:16-17),<br />74 Que nos había de dar, que sin temor librados de nuestros enemigos, Le serviríamos (tiene que ver con la Salvación y, también, con la Edad del Reino venidero),<br />75 En Santidad y en Justicia delante de Él, todos los días nuestros (será cumplido en su totalidad en la Edad del Reino venidero).<br />76 Y tú, niño (Juan el Bautista), Profeta del Altísimo serás llamado: porque irás ante la Faz del Señor para preparar Sus Caminos (Juan el Bautista será el precursor del Rey acerca del Cual habían escrito los Profetas);<br />77 Dando conocimiento de Salvación a Su pueblo para remisión de sus pecados (lo que Jesús haría al ir a la Cruz),<br />78 Por las Entrañas de Misericordia de nuestro Dios con que nos visitó de lo alto la Aurora (otro nombre para Cristo, &#8220;la Aurora en las Alturas&#8221;),<br />79 Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz (Jesús es la Luz del mundo).<br />80 Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu (en los caminos del Señor), y estuvo en los desiertos hasta el día que se mostró a Israel (permaneció allí hasta que cumplió 30 años, antes de comenzar su Ministerio, lo cual cumplió la Ley [Núm. 4:3]).</p>
<p>Primera Corintios Capítulo 13:<br />Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.</p>
<p>Hebreos 10:35-12:4<br />Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, &#8220;el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado.&#8221; Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: &#8220;Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac.&#8221; Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.</p>
<p>Romanos 8:<br />Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: &#8220;¡Abba! ¡Padre!&#8221; El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: &#8220;Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero.&#8221; Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.</span></div>
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